martes, 3 de julio de 2012

Subtítulos por fans y para fans


La publicación de un artículo publicado en un blog de El País ha generado cierto revuelo en un foro de traductores audiovisuales en el que participo. Habla de fenómeno de los fansubbers, es decir, los aficionados a las series que se unen en comunidades virtuales para traducir entre unos cuantos sus series favoritas sin cobrar. Si queréis saber de qué hablo, podéis leerlo aquí.
     El texto generó un encendido y a veces agrio debate que podría resumirse en el siguiente titular: “Fansubbers, ¿intrusismo o altruísmo?” Yo, de lo primero, mejor me callo, porque mi formación universitaria es como periodista. Creo que llevar diez años dedicado profesionalmente a la traducción audiovisual, y de ellos los últimos seis viviendo exclusivamente de ella sin jolgorios pero sin apreturas, y haber sido aceptado sin peros en dos asociaciones de traductores me acreditan como traductor profesional, pero como digo, por si acaso, no me meto en acusaciones de intrusismo.
     Yo no creo que los fansubbers sean culpables de intrusismo, simplemente porque no compiten en la misma liga. Me pareció muy acertado el enfoque de Milagros de Juan, que a veces comenta en este blog, y a continuación querría ahondar brevemente en ello. Decía Mila que lo malo de dicho artículo eran algunas afirmaciones de los entrevistados, quizá no suficientemente matizadas por la periodista y que podían llevar a confusión.
     En ese sentido, yo me quedo con dos de la estudiante de Estadística Aplicada de 22 años. La primera es que “no considera que sea un trabajo por el que se debiera recibir una remuneración económica”. En tu caso, desde luego que no: ni tienes la formación adecuada ni tu traducción va a ser comercializada, generando negocio o un valor añadido. Pero la frase, dicha así, en general, nos toca las narices a los que precisamente vivimos de esto y, día sí y día no, nos encontramos con algún menda que, al saber qué hacemos para pagar la hipoteca, arquea las cejas en plan: “¿Y por eso te pagan?”
     La segunda es que hay series cuyos subtítulos pueden estar listos “en un par de horas”. Se refiere, claro, a que son populares, todo el mundo quiere traducirlas y como hay muchos traductores, se traducen más rápido. Vale, bien, de acuerdo, pero en dos horas ya os digo yo que es imposible hacer una traducción decente, ni siquiera en equipo. Precisamente, el artículo me pilló traduciendo una serie estadounidense y empleo día y medio para dejar un episodio de 40 y pico minutos “niquelado”. Hacerlo en dos horas, por muchos colegas que te apoyen, no da como resultado una traducción, sino una mierda pinchada en un palo. Demasiados fansubs suelen tener bastante poca calidad y muchos modismos y juegos de palabras se traducen literalmente, en plan from lost to the river.
     En general, lo que me pareció grave del texto es que se desprende una idea general de que para traducir una serie basta con defenderse con el idioma. Esto es de una soberbia y miopía imperdonables y un error garrafal que, por cierto, creo que cometen muchos advenedizos que han pasado un año en Londres y luego vuelven a España y tienen la brillante idea de que saben el suficiente inglés como para ponerse a traducir. No fucking way, traducir (bien, se sobreentiende) una película o serie es mucho más que dominar un idioma extranjero y el tuyo propio: es también intuición, modestia, desconfianza, apego por el diccionario, imaginación, ingenio, capacidad de adaptación y síntesis y una pizca de talento. Estos traductores descuidados y supuestamente profesionales sí que hacen daño, no un hatajo de chavalines que emplean su tiempo libre en subtitular series sin distribución en España. Y si con ello aprenden o mejoran el idioma, eso siempre es de agradecer en un país que todavía no conoce un presidente del Gobierno que haya hablado inglés sin sacarnos los colores.

jueves, 14 de junio de 2012

The Guard (Irlanda, 2011)

Director: John Michael McDonagh
Reparto: Brendan Gleeson, Don Cheadle y Rory Keenan
Cliente: Subtitula'm
Pudo verse en: Seminci 2011

Sergio, un habitual de los comentarios, me dijo que no quería ver ni en pintura dramones existenciales como Los comulgantes de Bergman, reseñada hace dos entradas, y prefería centrarse en comedias ligeras. Eso me hizo reflexionar y me di cuenta de que, la verdad, se han visto pocas comedias en este blog. Ello no obedece a que pretenda amargaros la existencia a los que amablemente leéis estas páginas, sino a que la comedia es un género que no abunda en los festivales de cine y, dentro de ese porcentaje pequeño de comedias que por azares de la profesión han caído en mis manos, una buena parte han sido un tanto gilipollescas y no me parecen merecedoras de comentario.
      Pero claro, esto del humor es muy personal y lo que a uno le hace gracia a otro le deja impasible o incluso le da vergüenza ajena. Lo que hoy os traigo es una comedia negra y gamberra, con esa mala baba y acidez en los diálogos tan típicamente anglosajona, y que se estrenará en España en agosto: The Guard.
      No me suelen gustar las películas donde aparecen polis buenos y graciosos porque la realidad me indica que son todo lo contrario, pero esta película, como suele suceder en muchas comedias, descansa sobre un personaje cachondo e inefable que además es policía. El sargento Gerry Boyle es un guardia en un poblacho de la Irlanda profunda donde se habla el gaélico que ve perturbada su tranquilidad existencial cuando un asesinato vinculado al tráfico de drogas merece la atención del FBI. El agente yanqui enviado para trabajar en el caso tendrá que arreglárselas para sortear las nada políticamente correctas observaciones y maneras del irlandés, dando lugar a diálogos tan hilarantes como poco edificantes. Como digo, yo me partí de risa varias veces traduciéndola, pero puede que otros la encuentren de mal gusto. Para gustos, colores. Si la veis en cines en agosto, ya me diréis si os hace tanta gracia como a mí.

En el apartado traductoril, trabajar con comedia, aunque a priori pueda parecer más liviano, tiene sus retos, sobre todo en la adaptación de chistes y referencias culturales. Esta película tenía la dificultad añadida, y de hecho nos lo advirtieron previamente desde el festival, de presentar léxico y modismos netamente irlandeses, difíciles de entender incluso para un angloparlante ajeno a la dulce Eireen. Sí, es cierto que tuve que recurrir mucho a páginas de slang irlandés, pero hay pocas cosas que Internet no pueda solucionar. Y el resultado debió de ser bueno, o al menos no ultrajante, porque no recibimos comentarios posteriores, y ya se sabe que “no news is good news”.

lunes, 28 de mayo de 2012

Moog

Estados Unidos, 2007
Director: Hans Fjellestad
Cliente: Savinen
Pudo verse en: Documentamadrid 2005




La semana pasada, el 23 de mayo, como muchos de los que jugueteasteis con el doodle de Google recordaréis, se cumplieron 78 años del nacimiento de Robert Moog. Este señor fue el inventor del mítico sintetizador analógico Moog, que revolucionó el mundo de la música con sus peculiares sonidos como del espacio exterior. En el año 2004, Hans Fjellestad realizó el documental que hoy nos ocupa, una pequeña joya que sería una lástima que quedara reducida a producto para melómanos y friquis de la electrónica, porque en realidad es un homenaje al ingenio humano personificado en este físico e ingeniero eléctrico neoyorquino.
       Robert Moog responde al prototipo de inventor solitario, dotado casi desde la cuna para los chismes electrónicos. Pasó su adolescencia diseñando y fabricando theremines, otro endiablado y deliciosamente psicodélico cacharro. Cuando conoció a Raymond Scott, también pionero de la síntesis del sonido del cual traduje posteriormente otro jugoso documental, sus sintetizadores le inspiraron para crear  su propia máquina: un sintetizador modular capaz de generar millones de sonidos a base de la modificación de ondas y su paso por diversos filtros.
       En fin, quizá a los profanos les parezca algo anecdótico y a los defensores a ultranza de la guitarra otro cacharrito con el que se entretienen esos músicos electrónicos que no saben tocar, pero el Moog, en sus múltiples versiones, desde los mastodónticos ensamblajes modulares tipo centralita de teléfonos de sus inicios a principios de los 60 a versiones más transportables como el Minimoog, es la hostia en verso, os lo digo yo. Desde su aparición, está presente en muchísimos géneros musicales y ha sido usado para generar innumerables efectos de sonido para anuncios, programas de radio, etc. Aparte de sentar las bases para la invención de muchos otros instrumentos electrónicos posteriores.
       Todo ello, amén de cómo funciona un Moog -la parte chunga de traducir este documental por sus complejidades técnicas- y entrevistas a músicos que han utilizado o utilizan el Moog en sus composiciones, sirve para tejer un documental muy entretenido, incluso entrañable, con animaciones incluidas y entrevistas al autor, que casi se convirtió en un homenaje póstumo, pues Robert Moog nos dejó, seguramente a caballo de una de sus ondas espectrales, un año después del estreno de la película.








lunes, 30 de abril de 2012

Nattvardsgästena (Los Comulgantes)

Suecia, 1963 Director: Ingmar Bergman
Intérpretes: Ingrid Thulin, Gunnar Björnstrand y Max von Sydow.
Cliente: Savinen
Pudo verse en: Filmoteca Española.


Vamos con un clásico. Esta es una de las primeras películas que traduje cuando, hace diez años, empecé mi carrera de traductor audiovisual. Segunda pieza de una trilogía dedicada a la fe y una de las favoritas del mismo Ingmar Bergman, es sin embargo un filme que no tiene el peso en su filmografía de títulos como El séptimo sello o Persona, pero a mí me dejó alucinado.
          Los comulgantes es una película muy existencial y tristísima, tan triste como ese oscuro invierno escandinavo en el que se desarrolla la acción. En inglés, se tituló Winter Light (Luz de invierno), y realmente la luz, o más bien su falta, es el escenario opresivo perfecto para que en él se desenvuelva la angustia vital de sus personajes.
           La historia es muy sencilla y transcurre entre los dos servicios dominicales de un pastor (de almas, no de cabras) en la Suecia rural. Tomas, que así se llama el religioso, sufre una tremenda crisis de fe y encima está resfriado, por lo que no tiene el cuerpo, y mucho menos el espíritu, para tonterías. Lo sufrirá en sus carnes y en sus ánimos un granjero local deprimido que acude a Tomas en busca de orientación y se encuentra con un ministro que, más que aliviar u reconducir su zozobra, la ahonda mostrándole su propia brecha con lo divino como lente de aumento. Resultado: suicidio, svenska specialitet.
          La peli es enteramente memorable, pero hay tres escenas que valen su peso en oro: la conversación entre el granjero y Tomas; la carta que éste recibe de la maestra Märta, a la sazón su amante, narrada por ella misma en primer plano, y la aniquilación sentimental de Märta por el verbo de un Tomas que, ya lo hemos dicho, no tiene el día como para que le anden buscando las cosquillas. La que más me quedó grabada en la memoria fue esta última, una de las peores muestras de humillación y mala baba que me he encontrado en la gran pantalla. Eso sí, expresada con exquisita ira contenida a la escandinava. Jevi metal del bueno. Podéis ver la escena (doblada, no la he podido encontrar subtitulada) aquí.

lunes, 16 de abril de 2012

The best exotic Marigold hotel (El exótico Hotel Marigold)

Reino Unido, 2011
Director: John Madden
Reparto: Judi Dench, Dev Patel, Bill Nighy y Maggie Smith
Cliente: Captions Inc
Pudo verse en: Edición en DVD, cines comerciales

Aviso de que esta película no casa con el patrón de películas rarunas y casi desconocidas al que suelen responder los títulos que pueblan esta bitácora. No: The best exotic Marigold Hotel es puro cine comercial, con un guión calculado al milímetro, un reparto primorosamente escogido y sin más cera que la que arde. Eso sí, la película está muy bien hecha e interpretada y te promete pasar un buen rato, sin más pretensiones, lo cual no resulta tan fácil como algunos piensan.

Reconozco que la razón por la que la he elegido para compartirla con vosotros, parroquianos, es puramente personal. La película me hizo bastante gracia, porque narra las peripecias de un grupo de británicos de edad avanzada que coinciden en busca de su retiro dorado en la India. Y me hizo gracia porque ese es precisamente mi plan de jubilación aun remota pero cada vez, ay, más cercana y, gracias a nuestros politicastros, doble ay, más en el aire. Estos señores de exquisita y variada flema británica acaban, paradojas del guión, en Jaipur, capital del Rajastán, que dentro de las caóticas ciudades del subcontinente merece una categoría aparte en cuanto a contaminación, follón, tráfico, jaleo y un legendario encanto que no conseguí pillarle en mi sofocante primera visita y al que habrá que darle una segunda oportunidad.

Hablando ya de la peli en sí, como digo, es de las de relajarse, poner el piloto automático y dejarse llevar sin buscarle tres pies al gato. La cinta es principalmente divertida, aunque tiene sus momentos tristes que, salvo la poética escena de la muerte de uno de los protagonistas (no diré cuál), me parecieron un poco sensibleros. También tiene un componente de "incredible India", como Merche y yo denominamos las situaciones que no reflejan la cruda realidad del país, parafraseando precisamente el eslogan de su principal campaña de turismo. Pienso, por ejemplo, en la excesivamente liberal relación de los dos jóvenes indios protagonistas que, por mucho que sean modernos y urbanitas, es bastante impensable en esa sociedad anclada en buena parte en costumbres y normas milenarias.

En el apartado lingüístico, es una de esas pelis que imperativamente debería verse en VO para apreciar el delicioso acento de los personajes y la riqueza de su léxico. Esta circunstancia añade dificultad a la traducción de la película, y por ello es aún mayor el mérito de mi compañero y sin embargo amigo Àlex Cardona Masdeu, con el que compartí el trabajo por razones de tiempo, y que realizó una labor excelente que convirtió mi tarea de revisión en casi un mero trámite. 







jueves, 29 de marzo de 2012

Et maintenant, on va où? (¿Y ahora adónde vamos?)

Francia / Líbano / Egipto / Italia, 2011
Directora: Nadine Labaki
Protagonistas: Claude Baz Moussawbaa, Leyla Hakim, Nadine Labaki y Yvonne Maalouf.
Cliente: Subtitula'm
Pudo verse en: Festival Internacionalde Cine de San Sebastián 2011, cines comerciales.



Segunda parte de mis pelis favoritas del Zinemaldia 2011. Tras el mal trago de Shame, vamos con una película que te deja un dulce sabor de boca. Nadine Labaki compone excelentes tapices cinematográficos con los mimbres que suelen ser del agrado del gran público: guiones redondos, historias bien contadas, la dosis justa de drama salpicada de humor blanco e incluso algunos numeritos musicales. De ahí que sus dos películas presentadas en Donosti (la anterior fue Caramel, en 2007) hayan ganado el premio del público. Et maintenant on va où? gustó, y mucho. Cuando la sincronicé en el Teatro Victoria Eugenia en la última edición del festival, la proyección acabó con una de las ovaciones en pie más largas que yo recuerde.
          Las grandes protagonistas de esta película de Labaki son las mujeres. Las mujeres de un pueblo del Líbano donde conviven musulmanes y cristianos. La guerra civil de dicho país dejó al pueblo con más hombres en el cementerio que en los hogares, y estas viudas y madres con hijos de menos están decididas a evitar que la historia se repita a toda costa. Aquí tenemos la materia prima de un drama, y bastante de ello hay en la película, pero la astuta Labaki nos endulza la píldora con situaciones disparatadas, como, entre otras, la contratación de una cohorte de coristas rusas para apaciguar las incipientes rencillas entre los machos de ambas religiones.
           Mediante la puesta en escena de las ideas y tejemanejes de estas mujeres, se rinde homenaje a la condición femenina, a cómo el ingenio de las féminas sirve para frenar los ardores guerreros y la obcecación cerril de los varones. La película es deliciosa, tiene esa capacidad de aligerarte de todo lo que traías encima al entrar en la sala y absorberte los sentidos por completo. La magia del cine, quoi!
          Al menos a mí, también me invitó a la reflexión posterior sobre si en una humanidad donde el poder lo ostentaran tradicionalmente las mujeres, es decir, si nuestras sociedades hubieran sido desde siempre matriarcales y no al revés, habría menos guerras y más espacio para soluciones negociadas de los conflictos. Yo me inclino a pensar que sí, pero es difícil saberlo, pues muchas mujeres directivas actuales suelen copiar los patrones masculinos y exacerbarlos para triunfar en un territorio donde están en minoría. Pienso en tipejas como la Cospe, la Espe (ese siniestro duo cómico sin gracia ninguna) o la Thatcher, sin ir más lejos.


jueves, 15 de marzo de 2012

Shame

Reino Unido, 2011
Director: Steve McQueen
Reparto: Michael Fassbender, Carey Mulligan, James Badge Dale y Nicole Beharie
Cliente: Subtitula'm
Pudo verse en: Festival de Cine de San Sebastián 2011



Aprovechando que las dos películas que más me gustaron del último Festival de Donosti coinciden en las salas comerciales, dedicaré esta entrada y la siguiente a las mismas. Empezaré con la de mal rollo y acabaré con la optimista, para dejar buen sabor de boca. Y digo mal rollo, porque la sublime Shame es una peli chunga, chunga, de esas que te dejan mal cuerpo.

Shame abre una ventana indiscreta a la vida de Brandon Sullivan, un joven profesional con relativo éxito que sufre, con la mayor discreción posible, una tremenda adicción al sexo que acapara prácticamente todo su tiempo libre y buena parte del laboral y empapa todas las estancias de su húmeda existencia. En manos inútiles o irresponsables, este argumento podría degenerar en comedia de trazo grueso o en drama sensacionalista. Por suerte, cae en las manos de SteveMcQueen, que ya me dejó KO en el mismo festival con su ópera prima, Hunger.

Apuntaba Jordi Costa en su crítica para El País que McQueen es un cineasta del cuerpo y sus fantasmas. El cuerpo humano y sus tormentos físicos y mentales es el gran protagonista de sus dos películas. Realmente, y recurriendo al tópico, Sullivan, aunque a priori pueda parecer que lo pasa en grande follando a diestro y siniestro, vive encarcelado en su propio cuerpo, esclavo de pulsiones que escapan a su control.

Todo esto irá quedando claro a lo largo de la película, que cuenta con planos magistrales y con una atmósfera in crescendo que acabará trasladando al propio espectador el asfixiante agobio, el descorazonador hastío, que lleva a Brandon Sullivan a vacíar sus pringosos demonios en cuerpos ajenos. Ya lo comenté aquí al hacer el resumen de lo que dio de sí el último festival de Donosti: hay que saber muy bien cómo rodar y lo que te llevas entre manos para poner en pantalla un trío de varios minutos sin escatimar detalles y que, en vez de excitarte, te dé asco.

A todo ello contribuye el grandioso Michael Fassbender, actor fetiche por ahora de Steve McQueen, que llena la pantalla, aunque no lo suficiente como para eclipsar a la frágil y quebradiza Sissy, su hermana en la película, contrapunto delicado y doliente de la figura de este lobo herido que, cada vez que busca una presa, busca desaparecer en ella, es decir, morir en el acto. No en vano llaman los franceses al orgasmo "la petite morte".


viernes, 9 de marzo de 2012

CARTA DE LUCÍA RODRÍGUEZ CORRAL a RNE

Lucía Rodríguez Corral es una traductora audiovisual con mucha experiencia y con un currículo lleno de grandes títulos a sus espaldas. Fue mi profesora en un estupendo curso sobre traducción para doblaje en Valencia, y hace un mes escribió una carta al programa "No es un día cualquiera", de RNE, tras escuchar una tertulia sobre traducción en la que los intervinientes caían en errores bastante habituales en los profanos en la materia.
                 Soy consciente de que esta entrada quizá solo interese a los compañeros traductores audiovisuales que siguen esta página, pero creo que merece la pena que la leáis también los ajenos al gremio, pues explica bastante bien las glorias y miserias de quienes nos dedicamos a hacer entendibles las "pinículas" llegadas de ultramar, allende los Pirineos y más allá.
                 En fin, disculpad este momento de ombliguismo profesional. En la próxima entrada, vuelve la habitual dosis de cine raruno mas necesario en Memorias de un Subtitulari. Y muchas gracias a Lucía por permitirme compartir aquí su carta.

Soy traductora de guiones para doblaje (de películas como _Buscando a Nemo_y _Up_) y he escuchado con mucho interés la tertulia sobre traducción que acabáis de mantener. Me parece muy positivo que se dé visibilidad a nuestra profesión y a su importancia, porque, como bien habéis dicho, solemos ser invisibles. Sin embargo, observo que, siempre que se habla de traducción en foros públicos, hay dos tónicas que se mantienen: se invita solo a traductores literarios —cuando, en realidad, son una minoría en el gremio, puesto que el volumen de literatura que se traduce es ínfimo con respecto al resto de otros materiales traducidos (folletos turísticos, videojuegos, películas, etiquetas de champú, aplicaciones de iPhone, programas informáticos, prospectos de medicamentos, contratos... suma y sigue)—; y, siempre que se habla de mi sector en concreto, la traducción de películas, es para mencionar su mala calidad.
Con respecto a lo primero, creo que sería deseable hablar en algún momento de esos otros traductores que están presentes en absolutamente todos los momentos de nuestras vidas y que sí son realmente invisibles. Con respecto a lo segundo, me gustaría reivindicar un poco el papel de mi gremio.
La traducción para doblaje y subtítulos está sometida a unas condiciones excepcionales que le aportan dificultad.
Está sometida a muchas limitaciones impuestas por la imagen. No se puede traducir con la misma libertad que sobre el papel, porque hay una imagen que manda. No se puede poner nada que contradiga la imagen, lo cual muchas veces dificulta encontrar soluciones. No se pueden poner notas al pie, hay que dar una solución a absolutamente todos los escollos de la traducción, que no son pocos, puesto que las películas suelen venir plagadas de referencias culturales, juegos de palabras y chistes que requieren adaptación, y no se pueden explicar. Y, todo esto, en frases cuya longitud sea similar a la del original y suenen naturales.
En el caso del doblaje, los guiones traducidos pasan después por las manos de un adaptador o ajustador, que ajusta las frases al movimiento de los labios de los personajes. También suele haber un supervisor de la distribuidora que da el visto bueno (o no) a las traducciones. Eso significa que la traducción original nunca es la que se ve en el cine. La mayoría de las veces los cambios que se introducen son para bien, pero a veces son para mal y, si el público se da cuenta, el error se achaca automáticamente al traductor.
En el caso de los subtítulos, normalmente el público no sabe que son como un crucigrama. Se ha estudiado la velocidad de lectura de un hispanohablante medio y, basándose en ello, se han calculado los caracteres que se pueden leer por segundo cómodamente en un subtítulo (en torno a 12 y 15 caracteres por segundo, espacios incluidos, con un máximo de en torno a 72 caracteres en total, distribuidos en dos líneas). Además, si hay dos personajes, hay que dedicar una línea de subtítulo a cada uno de ellos (si hay un tercer personaje que habla, directamente no puede subtitularse). Y, cada vez que hay un cambio de plano, hay que cambiar de subtítulo porque, si no, el ojo tiende a volver al principio de la frase y releer el mismo subtítulo. Es decir, que si un plano dura dos segundos, tendremos 30 caracteres para ese subtítulo, independientemente de lo que se diga en él y de los personajes que intervengan. En suma, la labor de subtitulación tiene mucho de resumen. Se pierde muchísima información (sobre todo en películas donde los personajes hablan mucho y rápido, como las de Woody Allen); no se puede pretender que sean una transcripción del guión, porque serían imposibles de seguir.
En cuanto a los errores: evidentemente, traducir «toast» por «tostada» cuando se está brindando es una barbaridad. Sin embargo, a mí un fallo tan garrafal me hace pensar que, posiblemente, el traductor no tuviera la imagen delante cuando hizo los subtítulos. Cualquier traductor medianamente profesional se da cuenta de que no tiene sentido decir «tostada» al levantar las copas. Lamentablemente, las condiciones en las que se trabaja en este sector han empeorado mucho en los últimos años: se paga mal en general, los plazos son cada vez más cortos (ahora se estrenan las películas a la vez en todo el mundo por miedo a que se pirateen y eso hace que se trabaje siempre con prisas) y, muchas veces, se pide a los traductores que traduzcan sin guión o sin imagen. Sin guión es posible traducir, porque el texto puede sacarse de imagen (con mucho esfuerzo, eso sí), pero sin imagen es imposible, porque el contexto visual da la clave para no cometer errores como ese.
También está el actual fenómeno de los «fansubs», que son subtítulos que hacen aficionados por amor al arte. Estos subtítulos suelen estar muy mal hechos —salvo en honrosas y preocupantes excepciones—, pero no hay que olvidar que no están hechos por profesionales y que no se ha pagado por ellos. Las películas que se bajan por internet suelen tener estos subtítulos. Pero no pretenderemos exigir calidad, encima...
Nuestras traducciones se ven siempre en pantalla grande y, si son para doblaje, son pronunciadas por unos señores que vocalizan muy bien. Así, claro, no hay error que pase inadvertido. Si se hiciera eso con otro tipo de traducciones, como las de informática (con calcos tan tremendos como «soporte al cliente» que a nadie parecen importarles y que ya están tan extendidos que a los que opinamos que al cliente no se lo «soporta» sino que se lo «ayuda» o «asiste» se nos considera gente rara), el público se iría del cine a los cinco minutos. :)
Y por último: ¡los títulos no los traducimos nosotros! :) Existe la creencia generalizada de que los traductores de películas somos muy malos porque no sabemos traducir los títulos. En realidad los títulos los traducen los señores de los departamentos de marketing y, para cuando llega una película a nuestras manos, el título está más que decidido. Ahí sí que ni pinchamos ni cortamos.
En fin, si bien es cierto que hay muchas traducciones malas de películas (sobre todo en televisión, porque se pagan tarifas ridículas y eso ha hecho que el gremio se desprofesionalice mucho), creo que también es necesario reivindicar nuestra labor, que no es fácil de desempeñar y, sin embargo, sí es muy fácil de criticar porque está muy expuesta al gran público; cualquiera que sabe un poco de inglés se siente con derecho a juzgarla. Sin defender las malas traducciones, que me molestan más a mí que a nadie porque encima llevo la profesión puesta todo el día, quiero defender a mi gremio y recordar que sí existen traducciones buenas (la mayoría, diría yo) que, desde que se dejó atrás el cine mudo, nos han permitido disfrutar del séptimo arte que viene de fuera de nuestras fronteras.
Lucía Rodríguez Corral


domingo, 26 de febrero de 2012

Wellness

Estados Unidos, 2008
Director: Jake Mahaffy
Cliente: Subtitularte
Protagonistas: Jeff Clark y Paul Mahaffy
Pudo verse en: La Casa Encendida



En el crudo y plomizo invierno de Pensilvania, Thomas Lindsey intenta atraer inversores para la purga de Benito, un fármaco revolucionario llamado Wellness que, como su propio nombre indica, proporcionará gran bienestar a sus consumidores. Para poder participar en este gran negocio, solo han de adelantar un dinero, cuanto más mejor, y depositar en este hombre y en Wellness un gramo de fe, que dirían los Pony Bravo. Solo hay un problema: Wellness no existe, pues es el señuelo de una estafa de tipopiramidal de la que el pobre Lindsey es, a la vez, ejecutor y víctima.
           No es esta notable película de bajo presupuesto una vuelta de tuerca más a la figura del cazador cazado, pues Lindsey no forma parte de las alimañas, al menos no conscientemente. No, con sus aires de looser impenitente, está bien claro casi desde el principio que Thomas Lindsey es un pobre iluso que muerde una de las muchas añagazas de un capitalismo a la americana, inhóspito como ese clima gélido y desalentador en el que se desarrolla la acción.



           Basada, a tenor del último cartel de la película, en una historia real casi sufrida por el director, Wellness tiene una estética de producción baratuja y desaliñada, de temblorosa cámara en mano y planos chuscos. Pero eso, precisamente, le da una pátina de credibilidad mayor, pues no tiene sentido contar una historia de mugre decadente y capitalismo feroz con estética de vídeo clip. Wellness es una película chunga que te deja el espíritu por los suelos sin trucos ni artimañas: le basta con esa historia de lobos y corderos, tan simple y tan cercana a la vida real de ciertos mindundis que quieren salir de pobres a toda costa y acaban devorados por sus mezquinas ambiciones de andar por casa. Todo gracias, por supuesto, a un sistema con grietas por las que se cuelan advenedizos y sinvergüenzas de todo pelaje, como las crónicas del origen y evolución de la actual crisis se ocupan de recordarnos casi a diario.

viernes, 27 de enero de 2012

Elle s'appelait Sarah (La llave de Sarah) / La France des Camps

Francia, 2010 Directores: Gilles Paquet-Brenner / Jorge Amat
Clientes: Subtitula'm / Subtitularte
Pudo verse en: Festival de Cine de SanSebastián 2010, Cines comerciales, DVD




Hoy toca doblete en Memorias de un Subtitulari. Esta semana quiero hablaros de dos películas, una de ficción y otra documental, que han pasado por mis manos en el espacio de dos años y que coinciden en el tema que tratan.
              Situémonos: Francia durante la ocupación nazi. El Gobierno colaboracionista de Vichy, siempre sumiso y obsequioso en sus relaciones con Alemania, acepta concentrar a los judíos de su territorio en campos de la zona ocupada, desde donde saldrán, adultos por un lado y niños por otro, en convoyes con destino final, nunca mejor dicho, en Auschwitz-Birkenau. Para ello, además de servirles en bandeja las cabezas de los ya presos, organiza la mayor redada de judíos de la historia gala, conocida como la Redada del Velódromo de Invierno (Vel d'hiv), en julio de 1942.
             Precisamente en ese día de vergüenza comienza La llave de Sarah, largometraje donde una periodista contemporánea, interpretada por la sublime Kristin Scott-Thomas, investigará la historia de una niña judía apresada junto con su familia, única superviviente del holocausto, y trazará la historia de las profundas e imborrables cicatrices que la acompañarán de por vida. Narrada a base de flashbacks, la encontré muy bien construida y emocionante, aunque la verdad es que a las dos compañeras que también la vieron les pareció un poco maniquea.
             Dos años después de haber arreglado y sincronizado los subtítulos en inglés para las partes habladas en francés de la película, me llega el encargo de traducir La France des Camps, documental de Jorge Amat que me aporta muchos datos sobre no solo la infamia cometida contra los judíos, sino también las tropelías que sufrieron nuestros compatriotas tras pasar la frontera para evitar ser fusilados por Franco y sus jaurías.
             Dos películas complementarias, pues, para conocer unos hechos que Francia ocultó, seguramente avergonzada, hasta hace unos años, cuando los historiadores desenterraron de la memoria dormida uno de los capítulos más sombríos de la historia de la República vecina. Allí se han hecho películas y se han reconocido los hechos; aquí, a quien aspira a remover las ciénagas del pasado y dar paz a las víctimas y sus descendientes lo sientan en el banquillo los nietos de los verdugos. Oh-là-là, quel bordel de pays!