Directora: Nadine Labaki
Protagonistas: Claude Baz Moussawbaa, Leyla Hakim, Nadine Labaki y Yvonne Maalouf.
Cliente: Subtitula'm
Pudo verse en: Festival Internacionalde Cine de San Sebastián 2011, cines comerciales.
Segunda parte de mis pelis favoritas del Zinemaldia 2011. Tras el mal trago de Shame, vamos con una película que te deja un dulce sabor de boca. Nadine Labaki compone excelentes tapices cinematográficos con los mimbres que suelen ser del agrado del gran público: guiones redondos, historias bien contadas, la dosis justa de drama salpicada de humor blanco e incluso algunos numeritos musicales. De ahí que sus dos películas presentadas en Donosti (la anterior fue Caramel, en 2007) hayan ganado el premio del público. Et maintenant on va où? gustó, y mucho. Cuando la sincronicé en el Teatro Victoria Eugenia en la última edición del festival, la proyección acabó con una de las ovaciones en pie más largas que yo recuerde.
Las grandes protagonistas de esta película de Labaki son las mujeres. Las mujeres de un pueblo del Líbano donde conviven musulmanes y cristianos. La guerra civil de dicho país dejó al pueblo con más hombres en el cementerio que en los hogares, y estas viudas y madres con hijos de menos están decididas a evitar que la historia se repita a toda costa. Aquí tenemos la materia prima de un drama, y bastante de ello hay en la película, pero la astuta Labaki nos endulza la píldora con situaciones disparatadas, como, entre otras, la contratación de una cohorte de coristas rusas para apaciguar las incipientes rencillas entre los machos de ambas religiones.Mediante la puesta en escena de las ideas y tejemanejes de estas mujeres, se rinde homenaje a la condición femenina, a cómo el ingenio de las féminas sirve para frenar los ardores guerreros y la obcecación cerril de los varones. La película es deliciosa, tiene esa capacidad de aligerarte de todo lo que traías encima al entrar en la sala y absorberte los sentidos por completo. La magia del cine, quoi!
Al menos a mí, también me invitó a la reflexión posterior sobre si en una humanidad donde el poder lo ostentaran tradicionalmente las mujeres, es decir, si nuestras sociedades hubieran sido desde siempre matriarcales y no al revés, habría menos guerras y más espacio para soluciones negociadas de los conflictos. Yo me inclino a pensar que sí, pero es difícil saberlo, pues muchas mujeres directivas actuales suelen copiar los patrones masculinos y exacerbarlos para triunfar en un territorio donde están en minoría. Pienso en tipejas como la Cospe, la Espe (ese siniestro duo cómico sin gracia ninguna) o la Thatcher, sin ir más lejos.














