Quiero empezar este año (por cierto, feliz 2013) con una
entrada diferente, que no habla ni de traducción ni de cine, pero sí de
subtítulos y TV. Una directiva europea obliga por ley a las cadenas de TV,
públicas y privadas, a incrementar paulatinamente, año a año, su porcentaje de
programación adaptada con subtítulos para sordos. Eso ha ampliado un mercado,
con sus luces y sus sombras, que nos ha venido muy bien a los traductores
audiovisuales para diversificar nuestros servicios y tener algo que llevarnos a
la boca cuando las traducciones escasean.
Sí, la
subtitulación para sordos ha sido el último boom en nuestro sector y a mí, al
menos, y crucemos los dedos, me está sirviendo para capear la crisis como
siempre he tenido la suerte de hacer, sin apreturas pero sin alardes. Esa es la
luz. Las sombras son las bajas, en ocasiones ínfimas, tarifas que se imponen a
los subtituladores. Detesto comparar España con Francia, porque es como
comparar un cayuco con el Queen Mary tan solo porque flotan en el mismo mar,
pero es la única referencia que tengo. Según me comentaba una compañera, allí
se paga este trabajo a entre 5 y 6 euros brutos el minuto. Aquí, si te dan dos,
puedes darte por afortunado, y lo habrás conseguido tras una durísima
negociación. A muy buen ritmo y con
suerte puedes subtitular unos 50 minutos al día. Además, necesitas hacerlo con
un programa de subtitulación profesional, no valen los freeware, y cuestan
bastante dinero.
También
es un trabajo más mecánico y menos creativo que traducir, porque siempre se
trabaja con material doblado. Básicamente, el proceso consiste en transcribir
lo que se dice resumiendo ya mentalmente y dividiendo en subtítulos para
ahorrar tiempo, prestando atención a todo tipo de sonidos o entonaciones que
ofrezcan información que un sordo necesite para comprender bien lo que sucede.
Luego, hay que sincronizar los subtítulos con la imagen y aplicar unos códigos
de colores en función de la importancia del personaje y repasarlo todo para
asegurarse de que los subtítulos no van demasiado rápido y se pueden leer.
En fin,
ese es el proceso por el que esos -a veces molestos para los oyentes, siempre indispensables
para los sordos- subtítulos de colorines de la TDT llegan hasta vuestras
pantallas. Como veis, no es para echar cohetes: es más aburrido, el material a
traducir suele tener menor calidad que cuando trabajas con cine (¡esas
telenovelas venezolanas!) y está peor pagado. Está claro que mi sueño sería
traducir sin parar a gente como Woody Allen o François Ozon, pero lo que pierde
mi ego lo gana mi equilibrio mental al no tener que esperar cada fin de mes con
más acojone del imprescindible.
Ah, y
siempre es reconfortante que tu trabajo permita que una minoría cotidianamente
olvidada pueda ver la tele y enterarse, mal que bien, de lo que está viendo,
que no oyendo. Luego ya, si lo que quieren es ver Sálvame Deluxe, allá ellos...






