jueves, 20 de enero de 2011

L'horloger de Saint Paul / El relojero de Saint Paul

Francia, 1974
Reparto: Philippe Noiret, Jean Rochefort, Jacques Denis e Yves Afonso
Cliente: Sumatra
Pudo verse en: Edición en DVD de Avalon

Esta película, basada en una novela de Georges Simenon, es muchas cosas: es el debú en largo de su director, es una película policíaca, de denuncia política y social, con la dosis justa de humor en los diálogos, por lo general brillantes. Es, sobre todo, un estudio de la evolución anímica de un personaje, en principio, secundario en la acción: el padre de un joven acusado de asesinato.
Michel Descombes es un relojero viudo y feliz (él mismo declara en la película que solo ha estado triste dos veces en toda su vida). Como lionés de pro, es amante de la comida, a ser posible en buena compañía (la película empieza con una cena de amigos en un restaurante donde hablan de política en tono humorístico). A la mañana siguiente de dicha cena, la policía le comunica que su hijo, estudiante de FP, ha matado al capataz de la fábrica donde trabajaba su novia y la pareja se ha dado a la fuga.
Tavernier estructura la película en torno a Michel, cómo éste asume la noticia y cómo evoluciona su actitud a medida que va conociendo detalles del asunto. Y a partir de ahí, se va realizando una fina crítica de la sociedad y la política francesa de la época, que empezaba a girar inevitablemente hacia la derecha. El asesinado era un tipo violento y rijoso, un veterano de Argelia e Indochina , heridas aún muy abiertas en la sociedad francesa de principios de los 70, que usaba su poder en la fábrica tanto para sofocar a palos el movimiento sindical como para intentar beneficiarse a las obreras, y surge el debate sobre si el crimen fue pasional o tuvo una motivación social o política e incluso si matar a una persona tan dañina está justificado. Como dice una de las compañeras de la fugada: "A la gente así, no voy a decir que haya que matarla, pero tampoco es necesario que exista".

Jean Rochefort y Philippe Noiret
Finalmente, todo desemboca en la lucha del individuo por su dignidad frente al sistema. Sorprendentemente para ser una película de debú que tira con bala, no es en absoluto panfletaria, y la interpretación del gran Noiret logra darle a Descombes una dimensión tremendamente humana. Una película, como veis, con varias lecturas, capas y matices, que es necesario ver más de una vez, también para disfrutar del cruce dialéctico, especialmente brillante entre el padre del asesino huido y el inspector encargado de capturarlo, un Jean Rochefort en estado de gracia.


                                  Subtitles by Jota Martínez Galiana

miércoles, 12 de enero de 2011

A Very British Gangster


Reino Unido, 2007
Director: Donal MacIntyre
Cliente: Subtitula'm

"Esto es Manchester. Por el día, lo lleva la policía. Por la noche, los mafiosos. En Manchester nací, aquí vivo, y aquí moriré". Con estas palabras se presenta Dominic Noonan y con ellas arranca también un documental que fascina, ante todo, por el grado de intimidad entre documentalista, el director Donal MacIntyre, y documentado, el ya mencionado Noonan, cabecilla de la segunda generación del clan mafioso más temible de Manchester y, quizá, de todo el Reino Unido.
La semana pasada subtitulé para el teletexto de TVE el documental "Imágenes de guerra", en el cual un editor italiano decía que la cualidad que verdaderamente importa en un fotógrafo en zonas de conflicto es su capacidad de conseguir el acceso a los protagonistas de sus fotografías. Lo mismo vale para un documentalista, cuanto más se acerque a lo que quiere rodar, más definido y claro lo veremos. Esto ya no debe de ser fácil en condiciones normales, no digamos cuando el retratado es un tiparraco de ciento y pico kilos largos que ha pasado 22 de sus 39 años en la cárcel, y que en el momento de realizarse la película no estaba precisamente reformado.
video
Subtitles by Jota Martínez Galiana

Pero MacIntyre, que pasó tres años siguiendo las peripecias de Dominic Noonan y su séquito de jóvenes macarras encorbatados, no solo consigue la complicidad necesaria del capo para que éste cuente incluso la técnica que usaba para atracar furgones blindados o los episodios de abusos sexuales que sufrió en un internado (y cómo les ajustó las cuentas a cada uno de los agresores), sino que además lo hace de modo que a veces se nos olvida que estamos viendo un documental, pues está tan bien rodado y montado con tanto gusto y acierto, que parece una película de ficción. En ese sentido, el rodaje del entierro de un miembro del clan, mientras un sobrino despide el ataúd cantando My way de Frank Sinatra, es de esas escenas que cortan la respiración.

En fin, un documental de libro, entretenido a más no poder, sobre un tipo que se cree poco menos que Don Vito Corleone, pero que, aunque bien es cierto que es un pez gordo del hampa que tiene en jaque a la policía por su sospechosa habilidad para salir absuelto de los juicios, aparece como un pobre diablo zarandeado por la vida y la marginalidad que, como tantos otros, solo encuentra en su entorno violencia y crimen, y hace uso de ellos para ganarse un sustento.

martes, 4 de enero de 2011

Dusty and Sweets McGee


Estados Unidos, 1971
Director: Floyd Mutrux
Reparto: Clipton Tip Fredell, Kit Ryder, Billy Gray y Bob Graham
Cliente: Subtitularte
Pudo verse en: La Casa Encendida


Esta es una película de culto arquetípica. Prácticamente desconocida incluso en su país, apenas exhibida, muy difícil de encontrar… Vamos, que me considero afortunado de haberla podido ver y traducir para un ciclo de La Casa Encendida de Madrid.
Profesionalmente, la película supuso una inmersión en el slang de las calles de Los Angeles a principios de los 70, pues Dusty and Sweets McGee combina ficción y documental, actores y personajes reales, para confeccionar un desordenado y fresco retablo del underground de L. A.  recién cautivo y desarmado el sueño hippie: un chapero filosófico, un camello macarra enamorado de su coche que deja la mercancía envuelta en condones en cabinas telefónicas y yonquis para todos los gustos, de verdad y de mentira, que cuentan ante la cámara sus miserias y sus glorias presentes y pasadas o escenifican el devenir agridulce de sus días en busca de la siguiente dosis: un hipster bigotudo y veterano de las cárceles estatales, dos jovencísimos tortolitos que se pinchan en amor y compaña, otra pareja que se desprecia de palabra cuando el mono acecha pero unida por el lazo de un amor mucho más adictivo que la heroína, dos magnates de la droga cerrando un trato al tiempo que hablan de sus familias, un bellísimo y pálido ángel oscuro…
La película va enlazando sus historias fragmentadas sin un hilo argumental demasiado claro, con un montaje y fotografía fascinantemente toscos, con una banda sonora bien cuidada y bien situada, y se erige así en un documento de primera mano de una época de inocencia que en ese momento empezaba a perderse para siempre. Y lo mejor es que Mutrux evita en su ópera prima tomar partido, juzgar, opinar, condicionar, ni en la forma ni en el fondo. A la manera de los grandes.